Los precios aplicados en los seguros de decesos, al ser éste un riesgo creciente dependiente de la edad del asegurado, tienen un punto de contacto con las bases técnicas y actuariales del seguro de vida. Las primas de decesos se elaboran dependiendo también de la edad y, por tanto, también se apoyan en tablas de mortalidad.
A fin de conseguir primas estables, las tarifas que se aplican mayoritariamente están elaboradas sobre la base de “nivelación de primas”. Así, la prima calculada en el momento de la contratación se mantiene a lo largo del seguro (salvo actualizaciones y revalorizaciones).
Conviene, sin embargo, tener en cuenta que existen algunos aseguradores que utilizan una fórmula diferente: la denominada “prima seminatural”.
Este sistema de cálculo de la tarifa se traduce en incrementos automáticos de las primas cada cinco años, con independencia del costo del servicio, en función de la edad real de los asegurados, es decir, cada cinco años el costo del seguro se incrementa para cada asegurado, aun en el caso de que la suma asegurada no varíe. Esto significa que, aunque se parta de una prima más reducida, ésta progresivamente se va incrementando hasta cotas muy altas, precisamente en los tramos de edades más avanzadas donde se da una doble circunstancia: menor disponibilidad económica y mayor necesidad del seguro por parte de los asegurados.
Por estas razones, entre otras, los aseguradores con más peso en el ramo consideran esta forma de construir las primas poco adecuadas para el cliente.
Las tarifas suelen construirse siguiendo dos criterios:
– Por módulos de capitales asegurados y su correspondiente prima en función de las edades de contratación.
– Por tantos por mil en función también de las edades.
La prima conjunta del seguro será el resultado de sumar las primas individuales de cada persona que esté cubierta por el contrato, más las coberturas opcionales que se contraten.