El cuidado y la atención a las personas mayores es una necesidad sociosanitaria que está muy presente en nuestros días. Esto es debido a un aumento del envejecimiento de la población, ya sea por los avances tecnológicos o por la mejora en las condiciones sociosanitarias, el caso es que estamos ante un grupo de población que va en aumento y que presenta unas características especiales (las propias de la edad, la pluripatología, la polimedicación, entre otras), que los hacen más vulnerables a sufrir una limitación de la movilidad. Dependiendo del grado de esta limitación y de las consecuencias que en el anciano provoque, nos podemos encontrar a ancianos más o menos dependientes para la realización de las actividades básicas de la vida diaria que necesiten de otras personas, cuidadoras formales e informales, para cubrir sus necesidades. Además, esta progresiva limitación funcional incide en un aumento de la demanda sanitaria pues nos encontramos con un anciano inmovilizado y dependiente que precisa cuidados en su domicilio.
El cuidado del anciano inmovilizado en el domicilio es una necesidad latente dentro de la comunidad y es por ello que debemos darle la importancia que se merece. El objetivo prioritario de estos cuidados es mantener al anciano en su domicilio en las mejores condiciones posibles. El personal de enfermería va a ser pilar básico en la atención domiciliaria a este colectivo, siendo los encargados de valorar al anciano, identificar sus necesidades, establecer objetivos, prestar los cuidados que el anciano necesita en coordinación con los diferentes servicios sanitarios y sociales y ofrecer educación sanitaria tanto al anciano como a la familia y/o cuidadores.
La inmovilidad en el anciano
La inmovilidad consiste en una disminución de la capacidad para desempeñar o realizar actividades d la vida diaria debido a un deterioro de las funciones motoras que a su vez puede deberse a múltiples causas .
La inmovilización constituye una de las alteraciones de la movilidad que más va en aumento en la población anciana convirtiéndose en uno de los problemas más comunes del paciente geriátrico. Esta situación produce en el anciano una disminución o interrupción en sus actividades cotidianas provocando además una alteración importante en los diferentes ámbitos de su vida. Todo esto puede dar lugar a la postración del anciano en una cama.
– Entre las características de la inmovilidad están:
– Disminución de la tolerancia a la hora de hacer ejercicio (disnea, hipertensión arterial, taquicardia).
– Aparece debilidad muscular de forma progresiva.
– Imposibilidad de deambular debido a la pérdida de los reflejos posturales.
Se puede hablar de dos tipos de inmovilidad, absoluta y relativa. La inmovilidad absoluta hace referencia a estar encamado de forma crónica y la relativa a llevar una vida sedentaria pero pudiendo moverse de manera más o menos independiente. Cuando nos encontramos a un anciano con inmovilidad relativa hay que intentar que no derive a inmovilidad absoluta a través de actividades preventivas. En estos casos la prevención es esencial puesto que lo que pretendemos es que el anciano mantenga su independencia el mayor tiempo posible.
En este capítulo nos vamos a centrar en el anciano con inmovilidad absoluta y su atención en el domicilio.
Causas de inmovilidad en el anciano
De manera natural, el envejecimiento produce una serie de deterioros en el organismo que hacen al anciano más vulnerable a posibles agresiones o cambios externos que van limitando la movilidad. En los ancianos inmovilizados, estos cambios fisiológicos se verán aumentados.