El seguro de Decesos, que ofrece prestaciones en caso de fallecimiento, es una de las modalidades de seguro más contratadas por la población española. Esto ha llevado a definirlo en ocasiones, no sin razón, como un seguro de «vida popular». No obstante, si profundizamos un poco en las especialidades que lo caracterizan, se descubre con prontitud, que las diferencias con su análogo en el riesgo, el seguro de Vida, son sustantivas y obligan por ello a una gestión y tratamiento técnico diferenciado de éste ramo, aunque sin renunciar a las analogías lógicas que la naturaleza del riesgo impone.

Las especiales características diferenciadoras del seguro de Decesos, que lo definen como tal, y que lo separan del seguro de Vida, han llevado al legislador a clasificarlo reglamentariamente dentro de los ramos de no vida. Y no sólo, se queda en la segregación de ramos, sino que adicionalmente incluso se elimina cualquier posibilidad de complementación entre ambos ramos, cerrando reglamentariamente la posible consideración de ellos como riesgos accesorios entre sí, y no permitiéndose la complementación natural que se desprendería de su coincidencia en el mismo riesgo.

Considerando el Seguro de Decesos desde hace muchas décadas como un producto de prestación de servicios, esto es, capaz de pagar al beneficiario mediante la realización por la aseguradora de determinadas labores que, en otro caso, debería realizar el propio beneficiario en un momento muy delicado de su vida.

Decesos está adquiriendo un carácter cada vez más asistencial, por lo que, sin romper con su imagen tradicional, se está transformando con unas garantías de asistencia a la familia acordes a las necesidades de la sociedad actual.

Este seguro está dirigido al entorno familiar, pero no debe perder su identidad, nacida de su carácter asistencial y consistente en la prestación de servicio. Esto lleva a que la mayoría de estos seguros se han conformado como una auténtica prestación de servicios, de forma que, desde el momento del fallecimiento, la aseguradora se encarga de una serie de gestiones burocráticas y de otras labores que solucionan todos los problemas que se presentan con ocasión de un óbito.