La seguridad social, es el servicio público que el estado presta a los contribuyentes y que abarca todos los campos de la medicina para cuidar y conservar la salud de los usuarios. Sin embargo, la capacidad de este servicio se ve mermada a causa de la gran cantidad de personas que necesitan los diagnósticos y análisis, así como tratamientos, por lo que a veces se pueden formar listas de espera para medicina especial y durar horas esperando para las visitas ocasionales a la medicina general o la pediatría. Toda esta situación convierte a la sanidad pública en un servicio no completo, con el que tratarse de cualquier patología puede ser un largo entramado.

Para promover un servicio cualificado, personalizado y eficaz, se crearon los seguros de salud, con los cuales, las compañías aseguradoras prestan el servicio que los asegurados necesitan de forma rápida y escogiendo el profesional y la clínica en la que deseen tratarse.

Hay una gran variedad de coberturas donde el interesado puede escoger la que más le convenga o la que más se ajuste a sus necesidades y requisitos. Desde el básico seguro de copago, en el que el asegurado tendrá servicio a todas las ramas de la medicina, siempre pagando una pequeña cantidad por su cuenta del servicio que le han prestado.

Este tipo de seguro viene muy bien a personas con una economía más reducida, que no acostumbren a enfermar, sin embargo como su costo no es estable, puede que el interesado prefiera buscar una cobertura que le brinde unas prestaciones similares sin el dichoso copago. Las opciones sin copago son en base al precio y los servicios que el asegurado quiera invertir y obtener. Así, cuanto más completo sea la cobertura y más prestaciones le ofrezca más costosa será la cuantía mensual a abonar.